Quiero arder en el incendio de tus mechones rojos,
quiero desmayarme intentando nadar entre tus piernas,
quiero ahogarme en el verde de tus ojos,
y que con esa sonrisa ladina mi carne muerdas.
Quiero entrar tan dentro de ti
como tú de mí has entrado,
quiero gritar tu nombre, solo y borracho,
como un gato callejero en los tejados.
Quiero consumirme en esta pena,
tan honda, tan pura y herida,
hasta que tú, con un beso mitad redención y mitad condena,
me devuelvas a la vida.

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