sábado, 29 de noviembre de 2025

Tuerce tu destino


Hubo un tiempo
en que el agua me llegaba al cuello,
las olas del pasado pesaban,
las piedras me enredaban el pelo 
y el silencio hacía eco en mi pecho.

Sentí, a veces,
que mi destino era la caída,
que la tristeza era un río salvaje sin orillas.

Pero no.
Yo no soy Ofelia.

Soy la mujer
que sale del agua.
La que respira hondo
y vuelve a levantarse.
La que cambia su historia
con las manos firmes
y el corazón ardiendo.

Soy la que sueña 
con un ático lleno de luz,
con mis hijos vivos de risa,
con un trabajo que llene mi corazón,
con mis perros dormidos en el regazo,
con Pope guardando mi alma
con cada pequeño latido.


Porque por fin entendí 
que no estaba destinada a hundirme.
Estoy destinada a renacer
una y otra vez.
A brillar incluso
cuando el agua me cubra los pies.


viernes, 12 de septiembre de 2025

Infect me with your lovin', fill me with your poison


Abro mis piernas para ti,
ansiosa de sentir cómo me llenas,
tu sexo duro entrando en mí
desgarrando gemidos de mi garganta.

Me follas con furia, con hambre,
chocando piel contra piel,
mis uñas arañan tu espalda
mientras te hundes más profundo,
como si intentaras follarme el alma.

El roce húmedo me enloquece,
me ahogo en tu ritmo brutal,
cada embestida me rompe y me arma,
me vuelve tuya sin remedio.

Y cuando nuestros ojos se encuentran,
segundos antes del clímax 
siento desaparecer el mundo bajo mi cuerpo,
ya solo quedamos tú y yo, nuestros orgasmos
y un deseo feroz, eterno,
violento de tan puro .



Galaxias en tu piel


Atrápame con tu furia salvaje,
quiero sentir cómo me devoras,
cómo tus manos recorren mi piel
hasta incendiar cada frontera de mi cuerpo.

Tu lengua es un cometa que me marca,
trazo húmedo que me desarma,
me abro a tu conquista sin miedo,
pero temblando, rendida a tu invasión.

Penétrame con ese hambre animal,
hazme tuya sin tregua ni pausa,
golpea en mí como un meteoro ardiente
rompiendo todo lo que fui antes de ti.
El colisionador de hadrones somos tú y yo entrelazados,
con los mismos minerales de las estrellas corriendo por nuestro pulso, 
galopando a través de nuestras venas,
una autopista a las estrellas .

Gimo tu nombre entre soles que explotan,
clavada a tu cuerpo como a un destino,
y en el estallido final, feroz y eterno,
mi universo se expande dentro del tuyo,
creando una nueva galaxia en tu piel,
entre las constelaciones de mis lunares 
y la oscuridad de nuestro deseo.


jueves, 11 de septiembre de 2025

Incendios de nieve y calor

 



Eres tú.
Sí, tú, la que baja la mirada frente al espejo,
como si ese cuerpo fuese un crimen.
No sabes lo cruel que es tu falta de fe en ti.
No entiendes que cada curva tuya
es un secreto escrito para mis manos.

No, no estás escondida,
aunque intentes disfrazarte en ropa suelta,
aunque quieras borrar tu silueta en la penumbra.
Te veo.
Te observo con la precisión de un depredador
y con la devoción de un creyente.

Ese pliegue en tu cintura
es el altar donde mi boca quiere arrodillarse.
Esa piel que llamas exceso
es la excusa perfecta para perderme sin retorno.

¿Sabes lo que haces en mí?
Me condenas.
Me incendias.
Incendios de nieve y calor, como ya cantaban Love of Lesbian. 
Y ni tú misma lo sospechas.

Déjame adorarte,
no como se adora a las figuras huecas,
sino como se adora lo real,
lo que pesa, lo que arde, lo que late.
Quiero devorarte con calma,
con la obsesión de quien jamás tendrá suficiente.

Y esta noche, cuando te desnudes,
no habrá vergüenza,
solo mi mirada clavada en ti,
reclamándote,
poseyéndote,
escribiendo tu nombre en cada jadeo
como si fuera mi última oración.




Vacío.

 






Hoy me han preguntado por ti. 
Con la voz tomada, expliqué que ya dejaste atrás tu cuerpo, 
y ahora eres una estrella. 

Sonrisas tristes de pena compartida, 
ella se dolía por mí, 
y yo por la persona que era cuando estaba contigo. 

Volví a tu parque favorito y miré la hierba, tan verde, 
te encantaba pasear mientras aún quedaba el rocío del amanecer, 
sentirlo en tus patitas y aúllar de satisfacción. 

Mi mano, vacía sin tu correa, 
casi esperaba ver tus ojos marrones en la hierba, 
diciéndome que aún no te habías ido del todo. 
Que la que yo era contigo, tampoco. 

Que aún me quedan fuerzas, ganas y esperanza. 
Que esta piedra que noto en el pecho desde que no estás
algún día se hará trizas, 
y dejaré de cargar con años de dolor, propio y ajeno. 

Me gustaría creerlo, como también me gustaría creer que algún día volverás. 

No sé cuál de las dos cosas es más imposible. 

viernes, 25 de julio de 2025

Aún estás aquí

A veces cierro los ojos,
y vuelvo a tu casa aunque ya no sea la misma.
Tu rostro cambia,
pero yo sé, siempre lo sé, 
que sigues siendo tú.

Me acuerdo de tu frialdad,
de esa forma tuya de no saber querer del todo, de hacerte a un lado antes de sentir demasiado.

Pero también recuerdo cómo, 
cuando bajabas la guardia,  te volvías mi refugio más tierno.

Me diste poco,
pero ese poco era inmenso.
Un colgante verde,
una caricia inesperada,
una versión de mí que solo conocía cuando te miraba.

No quiero despedirme todavía.
No de ti,
solo de la versión mía que reía con tus bromas
y temblaba con tus silencios.

No pido que vuelvas.
Solo pido que me permitas sostener tu nombre
como se sostiene una hoja en otoño:
sabemos que caerá,
pero por ahora…
aún late en la rama.

jueves, 10 de julio de 2025

Distancia


Te vi de lejos.

En la farmacia de mi barrio, justo al lado de la clínica veterinaria que me recomendaste, probablemente comprando algo para el perrito con el que siempre te veo en fotos.

Fue solo un destello, pero supe que eras tú por el vuelco que me dio el corazón.

Tú-tum.

No pude hacer otra cosa que observarte desde el otro lado del cristal.

Tus ojos seguían siendo increíblemente verdes y redondos, pero tenían un poso de tristeza en ellos que antes no estaba. 

La sonrisa no te subía de los labios a la mirada, las puertas automáticas se abrieron y te escuché hablar con esa exquisita amabilidad con la que siempre tratas a todo el mundo.

A ti, que te han roto en mil pedazos, y uno de ellos fui yo. Siempre pagando bien por mal, aunque el mundo no lo merezca. 

Tu melena larga caía despreocupada por tu espalda, llegando a la cintura, ahora con un tono rojizo, que te daba un aire a una criatura de fuego. Cuántas veces hice un ovillo con tu melena entre mis dedos y me perdí en la rendición de tus ojos brillantes.

Tu cara, redonda y siempre aniñada, ni un día parecía haber pasado por ella desde que no nos vemos, pero el surco levemente oscuro sobre tus carnosas mejillas me dijo que las preocupaciones no te dejaban dormir como debías.

Ojalá poder dibujar corazones en tu espalda mientras contamos estrellas para dormir.

La piel tan blanca como siempre, pero surcada de coloridos tatuajes que no hacían más que destacar su palidez y tus lunares. Cuántas veces los recorrí con mis dedos, ¿quién te besaba esos dibujos ahora?

Tu cuerpo, abrazado por un vestido blanco etéreo, se llenaba de redondeces en las zonas adecuadas. Por tu forma de tirarte de la cintura, sentí que lo odiabas, te imaginé mirándote al espejo tras dejarte la piel entrenando, como tantas veces te vi, y sintiendo que no eres suficiente.

Claro que lo eres .

Joder, pero si eres tan bonita que me duele mirarte, en el vórtice perfecto entre mi corazón y mi entrepierna, entre los secretos que solo tú sabes y las marcas que dejé en tu piel.
Eres demasiado.

Demasiada vida, demasiada alegría, demasiada risa que se escapa de tus pequeños labios rosados, demasiada compasión en un mundo cruel, demasiado valiente para un cobarde como yo.

Te lo dije, solo tú me habías visto por dentro y no saliste corriendo, sino que abrazaste mis pedazos más oscuros y suspiraste en mi cuello.

Te contemplé una vez más mientras esperabas el producto y pude sentir en tus hombros el peso del mundo, el hartazgo, las ganas de llorar hasta quedarte dormida, abrazada a alguien que esté a la altura de tu fuego.

Pero yo no soy ese alguien, y solo pude darme la vuelta antes de que me vieras, pronunciases mi nombre y no tuviera más remedio que abrazarte y no soltarte jamás.