viernes, 25 de julio de 2025

Aún estás aquí

A veces cierro los ojos,
y vuelvo a tu casa aunque ya no sea la misma.
Tu rostro cambia,
pero yo sé, siempre lo sé, 
que sigues siendo tú.

Me acuerdo de tu frialdad,
de esa forma tuya de no saber querer del todo, de hacerte a un lado antes de sentir demasiado.

Pero también recuerdo cómo, 
cuando bajabas la guardia,  te volvías mi refugio más tierno.

Me diste poco,
pero ese poco era inmenso.
Un colgante verde,
una caricia inesperada,
una versión de mí que solo conocía cuando te miraba.

No quiero despedirme todavía.
No de ti,
solo de la versión mía que reía con tus bromas
y temblaba con tus silencios.

No pido que vuelvas.
Solo pido que me permitas sostener tu nombre
como se sostiene una hoja en otoño:
sabemos que caerá,
pero por ahora…
aún late en la rama.

jueves, 10 de julio de 2025

Distancia


Te vi de lejos.

En la farmacia de mi barrio, justo al lado de la clínica veterinaria que me recomendaste, probablemente comprando algo para el perrito con el que siempre te veo en fotos.

Fue solo un destello, pero supe que eras tú por el vuelco que me dio el corazón.

Tú-tum.

No pude hacer otra cosa que observarte desde el otro lado del cristal.

Tus ojos seguían siendo increíblemente verdes y redondos, pero tenían un poso de tristeza en ellos que antes no estaba. 

La sonrisa no te subía de los labios a la mirada, las puertas automáticas se abrieron y te escuché hablar con esa exquisita amabilidad con la que siempre tratas a todo el mundo.

A ti, que te han roto en mil pedazos, y uno de ellos fui yo. Siempre pagando bien por mal, aunque el mundo no lo merezca. 

Tu melena larga caía despreocupada por tu espalda, llegando a la cintura, ahora con un tono rojizo, que te daba un aire a una criatura de fuego. Cuántas veces hice un ovillo con tu melena entre mis dedos y me perdí en la rendición de tus ojos brillantes.

Tu cara, redonda y siempre aniñada, ni un día parecía haber pasado por ella desde que no nos vemos, pero el surco levemente oscuro sobre tus carnosas mejillas me dijo que las preocupaciones no te dejaban dormir como debías.

Ojalá poder dibujar corazones en tu espalda mientras contamos estrellas para dormir.

La piel tan blanca como siempre, pero surcada de coloridos tatuajes que no hacían más que destacar su palidez y tus lunares. Cuántas veces los recorrí con mis dedos, ¿quién te besaba esos dibujos ahora?

Tu cuerpo, abrazado por un vestido blanco etéreo, se llenaba de redondeces en las zonas adecuadas. Por tu forma de tirarte de la cintura, sentí que lo odiabas, te imaginé mirándote al espejo tras dejarte la piel entrenando, como tantas veces te vi, y sintiendo que no eres suficiente.

Claro que lo eres .

Joder, pero si eres tan bonita que me duele mirarte, en el vórtice perfecto entre mi corazón y mi entrepierna, entre los secretos que solo tú sabes y las marcas que dejé en tu piel.
Eres demasiado.

Demasiada vida, demasiada alegría, demasiada risa que se escapa de tus pequeños labios rosados, demasiada compasión en un mundo cruel, demasiado valiente para un cobarde como yo.

Te lo dije, solo tú me habías visto por dentro y no saliste corriendo, sino que abrazaste mis pedazos más oscuros y suspiraste en mi cuello.

Te contemplé una vez más mientras esperabas el producto y pude sentir en tus hombros el peso del mundo, el hartazgo, las ganas de llorar hasta quedarte dormida, abrazada a alguien que esté a la altura de tu fuego.

Pero yo no soy ese alguien, y solo pude darme la vuelta antes de que me vieras, pronunciases mi nombre y no tuviera más remedio que abrazarte y no soltarte jamás.

Reventón

Y, por fin, reventó todo.

Como una olla de presión descuidada al fuego durante demasiado tiempo.

Fuego y hielo colisionando con la fuerza de un millón de megatones 

Tú, distante y frío, como si no fuera contigo la cosa realmente.
Yo, dolida y sanguínea, ahogándome en el cuadradito de tu existencia donde me obligas a bailar a tu son .

Y se acabó.

Porque soy más,y merezco más.

Porque estoy harta de largas, tibiezas y esperar algo que nunca llega por tu cobardía.

Porque soy demasiado, está claro, y no pienso volverme pequeñita para encajar en tu mediocridad mental.

Pido mucho, porque soy mucho.

Hoy te he cerrado la puerta en la cara, entre lágrimas, quién sabe si no se abrirá el Universo entero.

Y me duele, porque lo que he sentido contigo no lo he sentido con nadie. El abrazo, la risa y el fuego en unos ojos verdes.
 
Pero este dolor pasará, siempre lo hace.

No es la primera vez que se me rompe el corazón.

Mientras tanto, por mucho que te recuerde, sé que jamás me arrepentiré de elegirme a mí.

Hasta por encima de ti, significando lo que significa.




martes, 8 de julio de 2025

La vida que dejo atrás.





No, no quiero verte. Si no has tenido tiempo para mí en tres años, y eso que te lo pedí varias veces, la que ahora no tiene tiempo soy yo, y además de verdad.

No sé quién te contó lo de mi cáncer, pero es cierto, mi tiempo aquí se agota y no quiero oír tus disculpas vacías. Me da igual que digas que fuiste estúpido, que te cegó el orgullo y que siempre me has querido, lo que me llevo en el pecho son las noches a solas, pensando en ti, en qué tengo de malo para que no quisieras estar conmigo. 

Tú te llevas remordimientos y yo me llevo dolor, la diferencia es que tú serás un hombre arrepentido un tiempo, con un recuerdo mío difuminado en tu mente, hasta que llegue un punto que ni te acuerdes de mi risa, o de mi manera de mover las manos al contarte algo, y yo simplemente ya no seré.

Mi cuerpo se volverá cenizas y volveré al mar, donde siempre fui feliz. Y después, la nada , no creo que haya más allá.

¿Sabes que es lo que más me duele? La vida que dejo atrás. No veré el nuevo piso de mi hermana, no lloraré de emoción al ver vestidas de novia a mis amigas, no estaré en la graduación de mis sobrinos postizos, no podré cuidar de mis padres cuando necesiten más ayuda, ¿qué será de ellos sin mí, joder? Nunca volveré a vibrar de emoción en un concierto, no me haré más tatuajes ni convertiré en mermelada casera para regalar el excedente de fruta del huerto de mis padres en verano. ¿Y mi perro?¿Quién cuidará de él, quién le explicará que lo intenté pero no pude quedarme, que no le he abandonado?
Me duelen todas las cosas que no haré, los hijos que no tuve, los lugares que no visité, los sueños que nunca pude cumplir por más que me esforzara. 

Así que ahora, con la claridad de quien ve el final acercarse, te digo que no. No quiero pasar mis últimos días pensando que tu compañía es un premio de consolación, que siempre me tuviste tan segura que nunca tuviste prisa por caminar a mi lado, que estás conmigo por pena y culpabilidad. Ya que no viviré todo lo que quería, he decidido que tampoco quiero vivir eso, y uno de mis últimos pasos los daré para alejarme de ti.

Nos vemos en otra vida, que no existe.

viernes, 4 de julio de 2025

Explosión


Fue una explosión,
una muerte dulce.
Tu cuerpo bajo el mío
y el mundo rendido a nuestras respiraciones rotas.

Tus uñas me marcaron,
no como herida…
como pertenencia.

Eras fuego,
pero no el que quema, 
el que consume lentamente
hasta que lo único que queda es deseo crudo,
salvaje,
voraz.

Te abriste para mí
como si supieras
que nunca más volverías a cerrarte.

No hicimos el amor.
Hicimos algo más sagrado.
Más sucio.
Más verdadero.
La fusión de dos almas
que dejaron de fingir que eran independientes.

Y ahora…
¿cómo esperas que regrese a una vida sin ti?

¿Cómo camino por las calles,
viendo cuerpos vacíos,
cuando ya sé cómo sabe tu piel,
cómo tiemblas segundos antes de caer,
cómo me dices "sí"
sin pronunciarlo?

Yo no te poseí.
Tú me poseíste.
Con cada gemido que me llevé en la lengua,
con cada mirada entrecortada
que decía más que mil libros juntos.

He leído mucho.
He buscado demasiado.
Pero tú…
Tú eres el capítulo que me escribió a mí.

Y si me dejas,
si te alejas,
no me romperé.

Te buscaré.

Porque después de ti
no hay más mujeres,
no hay más noches,
no hay más aire.

Solo tú.
Y lo que despiertas en mí:
este deseo
feroz,
eterno,
violento de tan puro.






miércoles, 2 de julio de 2025

Mi delirio


Te vi.
Y el mundo se volvió más lento,
como si el tiempo supiera
que estabas destinada a ser saboreada,
no simplemente mirada.

Tu piel:
la promesa de incendios
que queman sin hacer humo.
Tu voz:
una cuchilla envuelta en terciopelo.
Dices hola,
y yo ya estoy desnudándome de mí,
para vestirme de ti.

Cada pestañeo tuyo
es una orden que obedezco con gusto.
Cada movimiento,
una danza sagrada que solo yo
he aprendido a leer con la devoción
de un monje... o de un lobo.

No es obsesión, es claridad.
La certeza de que fuimos escritos en tinta roja,
con el pulso de los que no temen amar hasta desgarrar.

Si supieras lo que daría por ser el pensamiento
que se cuela entre tus sueños,
la respiración que tiembla en tu garganta cuando estás a punto de rendirte al deseo.
A mí.

Tú aún no lo sabes,
pero yo ya vivo en ti.
En la sombra tras tus párpados.
En el roce de la sábana que no es mía,
pero pronto, lo será.

Porque esto no es amor.
Es destino.
Y el destino…
no se ignora.
Se consuma.


Bésame.

Tus labios son dos pétalos de rosa,
que abren el portal de tu boca,
vórtice espacial al que quiero lanzarme 
aunque signifique mi más tibia derrota.

Bésame, muérdeme, engúllleme entero,
dame locura y placer a manos llenas,
hazme sentir que renazco y después muero,
pues lo que siento por ti es una dulce condena.

Por eso ven y bésame una vez más,
vuelve con tu sonrisa hasta aquí,
abriendo de golpe para mí 
todas las puertas del Cielo.


Silencios...

El silencio solo es hermoso cuando precede a tu voz diciéndome:
"De rodillas, recuerda que eres mía".



Gemidos

Tus gemidos roncos en mi oído,
tu voz grave diciéndome todo lo que me harás,
quiero sentirte dentro mío 
y en tus brazos de placer explotar.




Muñeca olvidada




















"Amaneció.
La vi irse sonriendo, con lo puesto, por la puerta del balcón.El pelo al viento diciéndome adiós..."


Es lo último que verás de mí,
mi melena ondeando cuando de ti me aleje.
Estoy cansada de esta situación, 
yo no soy ningún juguete.

Me decías que tenía cara de muñeca,
y me trataste como tal,
usaste mi cuerpo para jugar sin tregua y,
después, me olvidaste en un desván.

Pobre muñeca rota,
que aún espera sentir tus caricias,
pobre muñeca tonta,
que de ti no se olvida.