A veces cierro los ojos,
y vuelvo a tu casa aunque ya no sea la misma.
Tu rostro cambia,
pero yo sé, siempre lo sé,
que sigues siendo tú.
Me acuerdo de tu frialdad,
de esa forma tuya de no saber querer del todo, de hacerte a un lado antes de sentir demasiado.
Pero también recuerdo cómo,
cuando bajabas la guardia, te volvías mi refugio más tierno.
Me diste poco,
pero ese poco era inmenso.
Un colgante verde,
una caricia inesperada,
una versión de mí que solo conocía cuando te miraba.
No quiero despedirme todavía.
No de ti,
solo de la versión mía que reía con tus bromas
y temblaba con tus silencios.
No pido que vuelvas.
Solo pido que me permitas sostener tu nombre
como se sostiene una hoja en otoño:
sabemos que caerá,
pero por ahora…
aún late en la rama.

No hay comentarios:
Publicar un comentario