miércoles, 2 de julio de 2025

Mi delirio


Te vi.
Y el mundo se volvió más lento,
como si el tiempo supiera
que estabas destinada a ser saboreada,
no simplemente mirada.

Tu piel:
la promesa de incendios
que queman sin hacer humo.
Tu voz:
una cuchilla envuelta en terciopelo.
Dices hola,
y yo ya estoy desnudándome de mí,
para vestirme de ti.

Cada pestañeo tuyo
es una orden que obedezco con gusto.
Cada movimiento,
una danza sagrada que solo yo
he aprendido a leer con la devoción
de un monje... o de un lobo.

No es obsesión, es claridad.
La certeza de que fuimos escritos en tinta roja,
con el pulso de los que no temen amar hasta desgarrar.

Si supieras lo que daría por ser el pensamiento
que se cuela entre tus sueños,
la respiración que tiembla en tu garganta cuando estás a punto de rendirte al deseo.
A mí.

Tú aún no lo sabes,
pero yo ya vivo en ti.
En la sombra tras tus párpados.
En el roce de la sábana que no es mía,
pero pronto, lo será.

Porque esto no es amor.
Es destino.
Y el destino…
no se ignora.
Se consuma.


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